No soporto que me bailen el agua.
Menos aún quedarme varada en la arena.
Nunca encontré mi flotador,
sólo algún que otro manguito.
Siempre sentí el sube y baja de las mareas,
tal vez porque la luna llena también me afecta.
Casi me ahogué en aguas turbulentas.
Aprendí a nadar a contracorriente.
Y llegó la hora...
Porque no hay vuelta atrás cuando un tsunami despierta.

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