La agarró por la cintura justo cuando la orquesta se arrancaba con una lenta de Sabina.
-¿Dónde has aprendido a bailar tan bien? -preguntó mirándolo a los ojos.
-Por ahí.
-Con unas y con otras.
-Igual que tú con unos y con otros -contraatacó- .¿O vas a decirme que aprendiste practicando delante de un espejo?
Ella echó la cabeza atrás y pestañeó con unas sonrisa perezosa.
-Dicen que los hombres que bailan bien son dinamita en la cama -comentó con una risita-. Porque saben llevar el ritmo como nadie.
-¿Cuánto has bebido, ojos de gata?
-Solo un vodka con limón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario